

Estas semanas de lo único que se habla en todas partes es del Coronavirus.
En este lado del mundo (yo vivo en Panamá), aún no se reportan casos sin embargo, esta semana ¡me interrumpieron cientos de veces con el Coronavirus!
La escuela de mis hijos con sus emails y mensajes de WhatsApp hablando de cómo están monitoreando la situación.
Lograr que tanta gente con tantas realidades tan distintas hable de un mismo tema, llama poderosamente la atención.
¿Cómo pasó que tantos hablemos de lo mismo? ¿Acaso tenemos culturas tan comunes que podemos lograr un cambio cultural radical en el planeta y por fin ponernos de acuerdo y comportarnos todos como una única raza humana?
Pues si, se puede y el Coronavirus nos trae todas la lecciones que necesitamos para ver cómo lograr este Cambio Cultural.
Pues toda esta conmoción me hizo pensar en el poder que ha tenido la industria farmacéutica al lograr unir a la población mundial con un mismo tema. Y cuando hablo de unir a la población mundial, hablo de TODOS, sin importar nacionalidad, clases socio económica, nivel educativo, etc.
Tienen poder económico y tienen el poder de capturar nuestra atención porque son quienes pueden ayudarnos a resolver nuestra salud. Y la salud es lo que más vulnerables nos hace sentir.
¿Cómo pueden participar las farmacéuticas en el cambio cultural radical que necesitamos?
Leyendo el libro Disrupting Class» de Clayton Christensen , encontramos un concepto que ayudaría muchísimo a que tanto las escuelas como la industria farmacéutica contribuyan al cambio cultural del cual tanto hablamos en Generación EPI.
La teoría del trabajo plantea que las personas compramos productos y servicios porque eso nos va a facilitar algún trabajo que tenemos que hacer. Por ejemplo, vamos a un restaurante con amigos porque nos ahorramos el trabajo de cocinar, limpiar y ambientar nuestra casa. Si encontramos alguna otra solución que nos resuelva esos trabajos, entonces compraremos esa nueva solución.
Cuando aparece una solución radicalmente diferente, se llama una innovación disruptiva. Por ejemplo, estudiar un curso online, es una innovación disruptiva porque en vez de tener que gastar en construir escuelas y pagarle a varios maestros, un sólo docente puede resolver lo mismo y sin infraestructura costosa.
Pues las empresas farmacéuticas que producen medicamentos se enfocan en buscar nuevas medicinas sin darse cuenta que nosotros les compramos porque queremos que ellos resuelvan el trabajo de “sentirnos bien”.
Si para sentirnos bien debemos comer mejor y tener mejor acceso a la salud mental, pero esas empresas venden pastillas y medicamentos, ¿cómo van a destinar recursos a resolvernos lo que verdaderamente buscamos? ¿Cómo podemos esperar que inviertan en campañas mediáticas tan efectivas como la del Coronavirus si no es un buen negocio para ellos?
Fácil, si logran reconocer que nosotros buscamos que ellos nos hagan sentir bien, pues empezarán a invertir en comida saludable y en programas de salud mental.
Imagina si las empresas farmacéuticas desarrollan una cadena de comida saludable, ¿le harían publicidad? ¿Les pedirían a sus visitadores médicos que convenzan a los doctores de recetarnos su marca de alimentos?
Imagina que los laboratorios pudieran ganar dinero cada vez que compramos un curso online que nos ayuda en nuestra salud mental, ¿no crees que lograrían que los doctores receten esos cursos en vez de medicinas?
Es una solución de innovación radical, de innovación disruptiva. Pero puede ocurrir.
El cambio cultural está en todas partes, es tan fácil identificarlo para conseguir beneficios para todos. Así como este nuevo negocio que le hemos creado a las farmacéuticas. Así mismo sucede en las escuelas, casas, en ti mismo, la cultura implantada en el ambiente nos define cómo pensar, cómo comportarnos. Juntos podemos aprender a identificar qué nos detiene…
El cambio que queremos ver, parte de atrevernos a desafiar lo que es “costumbre”.
Después de leer el artículo de hoy piensa en cómo aplican los conceptos a otras áreas de tu vida. ¿Cómo aplica la “teoría del trabajo” a las escuelas y empresas de la salud y también al “trabajo” que llevamos a cabo los padres, docentes y líderes en general?
Deja tus comentarios para saber cómo aplica esto en tu vida y cómo podrías producir ese cambio cultural que todos buscamos y necesitamos para construir relaciones interpersonales positivas y empoderadoras. Sí se puede, cada día somos más.
Saludos!
¿Conoces el Método EPI ® del cambio cultural? Conoce más aquí.
Alejandra Schatzky
Chief Emotions Officer
Generación EPI
Creamos ambientes positivos para empoderarte y convertirte en un innovador natural.
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1 Comment
Muy buen post. Gracias por compartirlo.