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En mi época no había bullying. Los niños arreglaban sus propios problemas sin meter a los adultos. Ahora todo es bullying y para mí, esto es una exageración…”

¿Han escuchado esto antes?

Es cierto que hace algunos años no se hablaba de bullying. La razón era que no existía una palabra que lo definiera, sin embargo, el maltrato entre estudiantes siempre existió.

Cualquier adulto recuerda a ese compañero que nadie invitaba o a esa al que todos evitaban en los pasillos. ¿Cuántas veces nos reímos al recordar al alumno al que le habían puesto tantos apodos que ya nadie recuerda su verdadero nombre, y tal vez nos sentimos un poco mal al respecto?

Es más, en el mundo de los adultos, ¡también ocurre!

La realidad es que el bullying, al tener ahora un nombre, se ha vuelto más fácil de observar y más fácil hablar de ello. El darle un nombre nos permite identificarlo y al conversar sobre ello, podemos aprender a prevenirlo.

El bullying inicia, en la mayoría de los casos, sin planificarlo. Empieza como algo gracioso, algo que nos da poder social, o algo que nos permite mostrar que somos “mejores” que otros. A veces empieza por un comentario al cual un niño no sabe cómo responder y entonces, sin ser consciente de ello, le otorga poder al niño que lo agrede.

Una situación se convierte en bullying cuando los testigos permiten que esto continúe, es decir, cuando nadie lo frena.

Imaginemos una escuela donde un grupo de testigos se ríe o se calla ante una situación de humillación, irrespeto, bullying, o peor aún, copian y continúan el comportamiento. Más difícil aún si al reportar ciertas situaciones, los adultos contestan que “lo resuelvan entre ellos” o que “no fastidien que tampoco es tan grave y es una exageración”.

Ahora imaginemos una escuela donde, al ocurrir cualquier situación, los testigos saben cómo actuar y han sido empoderados para ser aliados defensores. En esta escuela, los aliados se acercan al estudiante maltratado y le dicen “tu no mereces que te maltraten, ¿quieres que te ayudemos a reportar la situación?” Tal vez, pueden acercarse al estudiante que ha agredido y le pueden decir “en nuestra escuela somos todos compañeros y nos respetamos, tu puedes jugar con nosotros siempre y cuando nos respetes”.

Mejor aún, si al reportar las situaciones, los adultos escuchan con empatía y ayudan a que todos sepan que nadie merece ser maltratado y que un aliado es aquel que ayuda a que un estudiante agredido se sienta mejor.

La clave para la prevención del bullying se encuentra en convertirnos todos, estudiantes y adultos, en aliados que busquemos ayudar, apoyar y escuchar a quienes necesitan ser ayudados.

Alejandra Schatzky – CEO Generación EPI
aschatzky@generacionepi.com

Creamos ambientes positivos para empoderarte y convertirte en un innovador natural.

Alejandra Schatzky| CEO, Generación EPI

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